El aparato psí­quico - Constitución del modelo freudiano

Publicado en la “Revista ‘Dinámica’ Nº 9″ de la ‘Asociación Argentina de Psiquiatrí­a’ - (AAP )


El aparato psí­quico Constitución del modelo freudiano

Lic. Alicia Aprá

Estamos habituados a utilizar el término psiquismo o aparato psí­quico para referirnos a cierta modalidad de tramitación de las excitaciones en el interior del mismo.

¿Cómo llega a conseguir estatuto psí­quico aquello que en su origen es pura necesidad somática? ¿Cuál es la “materia prima” fundante del aparato psí­quico? ¿De qué modo se constituye y cómo se complejiza?

Para intentar responder a estos interrogantes partimos del recorrido que lo llevó a Freud a la primera formulación del modelo.

En su tratado ‘Estudio sobre histeria’ escrito en conjunto con Breuer, hay un sorprenderse frente a las manifestaciones histéricas. Se postula allí­ que ciertas ideas o representaciones no han entrado en comercio asociativo con el resto de los pensamientos de que dispone el sujeto. Esta escisión de la conciencia surgirí­a como producto de la defensa ante sucesos penosos incapaces de ser tramitados ni abreaccionados, constituidos por lo tanto como traumáticos.

Se afirma una hipótesis económica que determina un efecto patógeno. La falta de abreacción implica contención del quantum excitatorio que se expresa por ví­a somática en el denominado ataque histérico. Ciertas representaciones, las que conllevan un afecto penoso y que no son integradas al resto de ideas pertenecientes a la conciencia normal forman un grupo disociado inasequible al yo por voluntad del sujeto. Y es justamente en el ataque cuando son evocadas bajo una modalidad conversiva, sustituyendo el conflicto psí­quico por su expresión en lenguaje corporal. Se presenta de este modo como un modo de tramitación relativamente cercano a la alucinación. Constituye un “volver a vivir” más que una evocación de cierta escena a tí­tulo de recuerdo que deberí­a conllevar escaso o nulo compromiso afectivo. Todo lo contrario sucede en dichos ataques. De allí­ la frase tan significativa: “la histérica sufre de reminiscencias”.

La técnica de resolución del sí­ntoma da la clave para el posterior desarrollo del modelo teórico y de la técnica psicoanalí­tica. Es que la abreacción, propuesta como método psicoterapéutico, significa ya, traer a conciencia los recuerdos disociados y el lenguaje sirve a los fines de sustituir la acción evitada que hubiera provocado una catarsis natural y el olvido posterior. Justamente el acceso a conciencia cogitativa secundaria, mediatizada por la sobreinvestidura del material inconciente implica disminuir los niveles de excitación en el aparato psí­quico y realizar una descarga aunque de cantidades menores. Pero estas inferencias parten de su primera tópica que aíºn no se ha constituido, si bien presenta este texto en germen desarrollos posteriores.

En un principio el organismo, ante los aumentos de excitación, intentará una descarga conforme al arco reflejo. A medida que se van realizando sucesivas experiencias, los estí­mulos que provienen del exterior o del interior consiguen estatuto psí­quico en las denominadas huellas mnémicas que se definen como posicionamientos excitatorios en el aparato psí­quico. Es desde el interior del organismo que surge la necesidad, donde la cualidad que permite el acceso a conciencia la obtiene conforme a los signos de la serie placer-displacer. El displacer responde al aumento de excitación2. La acción de un agente externo, por lo general la madre, determina su resolución constituyéndose entonces la vivencia de satisfacción. En un segundo momento, el surgimiento de la necesidad reinviste la huella mnémica producto de la satisfacción gracias al enlace establecido con anterioridad. De este modo surge la alucinación que implica descarga energética de los niveles excitatorios perturbadores en el aparato psí­quico. Este procesamiento se lleva a cabo gracias a la lógica de la simultaneidad, al deseo operante que busca reestablecer una situación satisfactoria y a la capacidad del aparato para reinvestir las HM hasta alcanzar el sistema de las percepciones logrando así­ la denominada identidad de percepción.

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