Enseñanza de la teorí­a psicoanalí­tica - Tesis de Maestrí­a

“La enseñanza de la teorí­a psicoanalí­tica, en una cátedra de segundo año en la Facultad de Psicologí­a de la UNR / Posibilidades y dificultades”

Estructura de pensamientos / convicción / comprensión

Recordamos una vez más, que Freud insiste en la relación entre comprensión y convencimiento como dos aspectos inseparables y ligados en el aprender psicoanálisis. Para comprender se debe estar convencido de ciertas premisas, convicción que exige la experiencia del propio análisis para producirse, de modo tal que sólo en un segundo tiempo es posible el proceso de comprensión conceptual esperado.

Sin embargo, es cierto que abocados a enseñar psicoanálisis a nuestros estudiantes de la carrera de psicologí­a sin la posibilidad cierta de ese andamiaje del análisis personal1 como modo eficaz de convencimiento, cuando vamos a la fuente freudiana nos orientamos en posibles alternativas que pueden flexibilizar tal consigna.

Las Conferencias Introductorias que en el invierno vienés de 1915-16 Freud dicta en la universidad y que se reanudan en 1916-17 son abundantes en cuanto a su pensamiento acerca de la enseñanza de la doctrina analí­tica en estos puntos que nos preocupan. Su público en aquellas conferencias, era un auditorio mixto de médicos y legos de ambos sexos, pero la posición del maestro de viena era tratar a su audiencia, por igual, en tanto ignoran las ideas del psicoanálisis.

Ciertamente, sabemos que la época aún no era hospitalaria para el psicoanálisis. Freud, además, desconfiaba de las aceptaciones rápidas y sin molestias2 ya que médicos o legos, podán por igual alzar sus prejuicios antes la exposición de las premisas y proposiciones del psicoanálisis.

En nuestro tiempo, puede pensarse, que la popularidad, aceptación e idealización de la doctrina analí­tica, su clí­nica y su corpus conceptual, permite sin reparos una situación de permeabilidad para el aprendizaje de su teorí­a. Creemos que no, y sostenemos esta respuesta en que las resistencias a la aceptación de algunas de las concepciones analí­ticas, dependen de otro orden de factores, que no se diluyen actualmente como se cree. La aceptación, absorción, adhesión pasional, es la más de las veces una cara que esconde el rechazo defensivo ante la fuerte interpelación a la posición creencial del ser humano en cuanto a muchos de sus aspectos personales.

Leemos en Freud:

“…En verdad les desaconsejo que vengan a oí­rme una segunda vez. Con ese propósito, les presentaré las deficiencias que por fuerza son inherentes a la enseñanza del psicoaníƒÂ¡lisis y las dificultades con que tropieza quien desea formarse acerca de él un juicio personal. Les mostraré que toda la capacitación anterior y los hábitos de pensamiento de ustedes tienen que convertirlos en opositores al psicoanálisis, y cuánto deberí­an vencer dentro de sí­ mismos para dominar esa hostilidad instintiva”3

Hábitos de pensamientos, formas de razonar, que confrontan con esta nueva manera de comprensión a la que invita el psicoanálisis.

Jacques Lacan en su seminario del año 1969-70, en el contexto del mayo francés estudiantil nos dice algo sobre esto acompañando la letra freudiana una vez más:

“En la universidad habí­a, como dicen, malestar, un malestar debido a algo que es del orden de una báscula social. Por ejemplo “pongo las cosas en claro, dicen que de lo que se trata en cuanto a esta tropilla es que se encargan de formarla en la enseñanza superior, cuando ya es diez veces demasiado tarde: ustedes comprenden que cuando se llega a la enseñanza superior uno ya no está para ser formado, uno ya está archiformado.”4

Por su lado, Freud, en esa misma conferencia, luego de desanimar a sus oyentes ofrece ciertas esperanzas al interesado:

“… Siempre hay bastantes personas que, a pesar de tales incomodidades, se sienten atraí­das por algo que puede constituirse en un nuevo fragmento del saber. Si alguno de ustedes perteneciera a esa clase y, desdeñando mis avisos, volviera a presentarse aquá­ la próxima vez, será bienvenido. Pero todos tienen el derecho a enterarse de estas dificultades del psicoanálisis a que he aludido.5

Los problemas a los que alude, también se refieren a los de enseñar y aprender psicoanálisis, mostrando al menos dos tipos de dificultades para adicionarle al final, una tercera. Una primera dificultad es de instrucción, es decir, al enseñar psicoanálisis, indica las diferencias con otra disciplina que también él conoce:

“Primero están las de la instrucción, las de la enseñanza del psicoanálisis. En la enseñanza médica se han habituado ustedes a ver. Ven el preparado anatómico, el precipitado en la reacción quí­mica, la contracción del músculo como resultado de la estimulación de sus nervios. Más tarde, se exhiben a los sentidos de ustedes los enfermos, los sí­ntomas de su enfermedad, los productos del proceso patológico y, en muchos casos, hasta el agente de la enfermedad en su estado aislado. En los departamentos de cirugí­a son testigos de las intervenciones mediante las cuales se procura aliviar al enfermo, y tal vez ustedes mismos ensayen ejecutarlas. También en la psiquiatrí­a la presentación del enfermo con sus muecas, sus modos de decir y su conducta alterados les sugiere una multitud de observaciones que dejarán en ustedes una impresión profunda. Así­, el profesor de medicina desempeña predominantemente el papel de un guí­a y de un intérprete que los acompaña por un museo mientras ustedes obtienen un contacto inmediato con los objetos, y, por medio de su propia percepción, se sienten convencidos de la existencia de los nuevos hechos.6

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