Enseñanza de la teorí­a psicoanalí­tica - Tesis de Maestrí­a

Para justificar nuestra posible digresión en este ensayo, recuperamos de nuestras notas de un ciclo de formación, lo que con claridad Diana Sperling oralmente, nos proponí­a al decirnos que la mí­stica es una tópica, ya que se trata, casi siempre, de ví­as y caminos, de ascensos y salidas, de exilios y viajes y llegadas, de puertas y palacios, de moradas y fronteras, para agregar que localizar la mí­stica es hallarla en la historia y en el conjunto de saberes y de las prácticas que hacen al mapa de las disciplinas.

Tales restos mí­sticos en la historia de conformación de las disciplinas tal como lo propone Sperling, es consonante con las configuraciones discursivas que halla y diferencia el Dr. Belinsky al tratar la discursividad freudiana. Lo mí­stico aparece en Freud, en su originaria exploración ya que cuando se asoma a esa otra escena como espacio inhabitado anteriormente su lucha, debe enfrentar alternativamente el recurso a la razón, que como resistencia, se prescribe en órdenes teóricos o narrativos establecidos.
El 7 de mayo de 1900, Freud le escribe a Fliess:

“Ningún crí­tico… puede advertir con mayor agudeza que yo mismo la desproporción que existe entre los problemas planteados y las soluciones que yo les doy, y mi justo castigo ha de ser el que ninguna de las regiones inexploradas de la mente, que yo soy el primer mortal en pisar, llevará jamás mi nombre ni se someterá a mis leyes”.14

Regiones inexploradas que no se someten a sus leyes, así­ nos dice el descubridor del inconsciente, recurriendo a una figura espacial que responde a una de las figuras de lo mí­stico como un discurso sobre un topo, aún desierto e inhabitable. La mí­stica, no conforma un campo especí­fico de pensamientos y prácticas sino, y en estos seguimos a Sperling (2004), constituye de algún modo un rasgo propio del quehacer del hombre en cualquiera de sus manifestaciones.

Rasgo del lenguaje o del pensamiento del sujeto, lo mí­stico, puede rastrearse como huella dispersa en la historia del pensamiento germinal y vacilante de toda disciplina. Es entonces necesario decir, que lo que retorna no es entonces un contenido mí­stico del origen sino ese excederse propio del pensar bajo la incertidumbre inquietante que no calma la razón, huella que no es sólo rastro del pasado sino que es una insistencia que se hace lugar en el presente.

Es oportuno aclarar que no convocamos, por supuesto, a una mimesis del camino freudiano cuya experiencia fundante y originaria fue única, perdida y tiene el valor de ser causa. Asimismo, aún perdida esa causa como originaria, lo que nos enseña el psicoanálisis es el descubrimiento del inconsciente, que en su repetición se nos presenta como insistencia.

Es la función activa del objeto, el inconsciente, lo que torna compleja la enseñanza del psicoanálisis, enseñamos lo que el psicoanálisis nos enseña: el inconsciente como descubrimiento freudiano.

Es muy difundida entre los psicoanalistas la propuesta del Dr. Lacan en cuanto a retornar a Freud, propuesta que respondí­a correctivamente a una indeseada atenuación o desviación del descubrimiento freudiano en lo más esencial. Se produce entonces cierto restablecimiento del orden a la letra de Freud, que permite decir que el retorno a Freud es, también, un retorno de Freud, en sus herederos.

En afinidad con esa idea, puede decirse que Freud existe - revive porque Lacan al insistir en él, Freud insiste en él. Tal vez, estableciendo las distancias necesarias, lo mismo podemos afirmar en cuanto a que Freud existe e insiste porque nosotros insistimos en él, en nuestra enseñanza.

Un sentimiento de esta naturaleza no puede sino desembocar en una actitud vicaria de sostenimiento de la verdad del inconsciente, en cada uno, y en cada acto de enseñanza de todos aquellos inmersos en la disciplina psicoanalí­tica.


El texto anterior, es parte de la Tesis de Maestrí­a “La enseñanza de la teorí­a psicoanalí­tica, en una cátedra de segundo año en la Facultad de Psicologí­a de la UNR / Posibilidades y dificultades” del Prof. Jorge Rodrí­guez Solano (U.N.R.)

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Notas:

1. Por supuesto que sabemos que muchos de nuestros alumnos están en análisis, pero, a lo que nos referimos es que no se halla establecido -y así­ debe ser- , el análisis personal como un requisito de tipo didáctico, en el sentido habitual. Creemos que la demanda de un aná¡lisis debe sostenerse en un padecimiento sintomático que interpele al sujeto sobre su propio deseo.

2. En el año 1909 al llegar a los Estados Unidos para dictar conferencias, fue recibido con mucha hospitalidad por el grupo americano. Desconfié de tal recepción al manifestarle a su compañero de viaje Gustav Jung “No saben que les traemos la peste”. La historia le dio razón al maestro austriaco. Pobre fue el destino del psicoanálisis cuando, años después, fue aguachentado por los psicoterapeutas norteamericanos.

3. Freud S. Conferencia de introducción al psicoanálisis 1915-16. - Conferencia “Introducción” - Amorrortu Ed. Bs. As. 1976 / OC Tomo XV Pág. 13

4. Jaques Lacan Op. Cit. Clase del 3 de junio de 1970.

5. Freud S. Op. Cit. Pág.14.

6. Freud S. Op. Cit. Pág. Tomo XV.

7. Freud S. Op. Cit. Pág. 14 (El subrayado es nuestro).

8. Freud S. Op. Cit. Pág. 14 (El subrayado es nuestro).

9. Entendemos que aquí­ Freud hace mención a los fenómenos de la vida cotidiana, como son el lapsus, el sueño, el acto fallido, etc.

10. Freud S. Conferencia de introducción al psicoanálisis 1915-16. - Conferencia “Introducción” - Amorrortu Ed. Bs. As. 1976 / OC Tomo XV Pág. 17.

11. Freud S. Ibí­d. Pág. 18.

12. Freud S. Ibí­d. Pág. 19.

13. Freud S. Op. Cit. Pág. 20.

14. Freud Sigmund. Fragmentos de la correspondencia con Fliess. (1892-1899) - Amorrortu Editores 1976 Bs. As. / O.C. Tomo I Pág. 211.

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