Interlocutores filosóficos de Lacan

Alain Badiou dice en ‘El Ser y el Acontecimiento’ que Spinoza constituye la tentativa ontológica más radical en cuanto, el vací­o, que se debí­a asegurar como in-existente, finalmente es nombrado como modo infinito.

“El amor intelectual a Dios” que Lacan tomó al final del Seminario XI abren las ví­as que llevan al punto más alto de vaciamiento y sustracción del Otro: no reciprocidad, asimetrí­a, no correspondencia, desasimiento sereno respecto de la inexistencia o de una existencia que para ser, no necesita más que su potencia de pensamiento.

Que Lacan lo abandone, aparentemente, mucho más que repetir este gesto suscita a ahondar en un pensamiento fundamental para seguir el viraje matemático y entender cómo se construye el topos del que deriva “Dios es inconsciente”. Proceder que nos acerca rápidamente a Nietzsche, desde el cual Lacan formula este nuevo aforismo ligado al de la muerte de Dios.

Si Freud fundó el tiempo inaugural de la institución de la ley en su ligadura con el asesinato del padre, éste es la señal de una época para la cual Dios está muerto. Muerto o inconsciente lo ubica en una topologí­a extraña a la presencia, enigmática figura del “loco” que en “La gaya ciencia” busca a Dios provisto de una linterna, iluminando la oscuridad expandida en todos los templos e iglesias. Pero como esta muerte es un “acto” humano, somos responsables de ella y sus consecuencias. Esto es, “no echarse a llorar sobre las tumbas de los dioses muertos, signo de un alma mortalmente cansada”, sino inventar a partir de ese vací­o, subidos al carro dionisí­aco de algunas posibilidades y muy pocas certezas.

Lugar que funda la condición deseante desde la ética que anticipa el “ir más allá del padre”. La cualidad inconsciente de Dios no hace más que subrayar la responsabilidad que conlleva el acto para cada quien.

¿Qué es la angustia? se pregunta Lacan en el ‘Seminario X’, para afirmar luego que es Kierkegaard quien inventó la repetición. Pasión, afecto, temple que no engaña. A la verdad la trae Kierkegaard y no Hegel, él es filósofo y de lo que se trata ahora, es de la verdad de la angustia, la del salto abismático pues es el vértigo de la libertad, existencia jugada en la repetición y que más tarde la experiencia freudiana retomará.

Reencontrar, repetir y en cada vuelta hacer de lo nuevo la dimensión real. Esta existencia es pathética, es decir la angustia le imprime su carácter de pathos.

¿Por qué Kant es con Sade? ¿Qué hace que al imperativo categórico haya que hacerlo pasar por la voluntad de goce y que La filosofí­a en el tocador, sólo ocho años posterior a la Crí­tica de la razón práctica, dé la verdad de la kantiana? ”Ese libro extraordinario” sin el cual es imposible progresar en las cuestiones planteadas por la ética psicoanalí­tica”.

¿En qué sentido por otra parte es posible acercar das Ding a la causa noúmeno?

La filiación kantiana en este territorio es eminente: la Cosa está ausente a nivel de las representaciones, fuera de toda relación patológica, anterior a toda represión, primer emplazamiento de la orientación subjetiva.

¿Cómo leer el aforismo de Lacan “elevar el objeto a la dignidad de la Cosa” sin la radical diferencia kantiana entre Cosa y objeto? Preguntas que nos llevan directamente a su fuente para cruzarla luego con la ví­a freudiana.

Arribo finalmente, en este recorrido que me propongo, a Marx, el que es nominado “inventor del sí­ntoma” y que luego, al devenir en marxismo, produce, en el decir de Lacan el cierre del “sentido” nominando al proletariado. Del sí­ntoma al sentido, ¿qué hay en este intervalo?

Los seminarios De un Otro al otro y El reverso del psicoanálisis marcan un punto de fuerte anclaje en Marx. La economí­a deviene economí­a de goce y la polí­tica es la del sí­ntoma, afirmaciones que se soportan de conceptos nodales de los textos marxistas atravesados como en todos los casos anteriores, con los freudianos.

Trabajo simultáneo de ‘Más allá del principio de placer’ con ‘El fetichismo de la mercancí­a’ y que autoriza a Lacan a situar la relación goce-saber-trabajo-objeto.

18 de marzo de 1980: provocativa afirmación del viejo maestro que sobre el balance de su obra se declara antifilósofo. La filosofí­a es cosa terminada, “aunque me temo que le va a rebrotar algún retoño”.

Nuestro desafí­o, como nada está terminado, es doble: abrir y resignificar este final desde el inmenso trayecto andado y luego volver a andarlo.

Páginas: 1 2 3