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Gastón Bachelard (1884-1962) profesor de la Sorbona posicionado como antipositivista y antiempirista, podemos encuadrarlo como un racionalista.

Opuesto a la captura ilusoria de la vivencia inmediata como lo proponía Henri Bergson (1859-1941) de amplia influencia en su época, adquiere su prestigio luego de su muerte cuando es tomado por los estructuralistas como filósofo de la ciencia19. En "La formación del espíritu científico" (1945), Bachelard propone un Psicoanálisis del conocimiento objetivo. Muestra el conocimiento científico desde dos condiciones: como un conocimiento que parte del objeto o, como un conocimiento en búsqueda de la construcción de sus objetos. Es precisamente la primera acepción la que es puesta bajo el trabajo afilado de la crítica Bachelardiana. El conocimiento objetivo, entendido como una aproximación inmediata al objeto y una experiencia es descalificado por el autor, pues, "La experiencia básica, o para hablar con mayor exactitud, la observación básica es siempre un primer obstáculo para la cultura científica"20.

No es la validez, en sí misma la que entra a ser cuestionada por Bachelard; no se trata, como algunos creen de descalificar el sentido común por su falta de objetividad; porque, supuestamente, éste guarda una relación de inadecuación con el objeto (entendido desde su aceptación óntica), lo que ha sido cuestionado es que lo real sea algo independiente de la realización y emergencia del sujeto y que, por lo tanto, se requiera de métodos o instrumentos cada vez más fiables para reflejarlo en nuestra mente. Richard Rorty, autor norteamericano posmoderno, desmantela la idea de la mente espejo: la ciencia no es un reflejo y copia del mundo21. Bachelar se ocupa de exhortarnos a una liberación de los viejos prejuicios que dibujan la manera de pensar los inconvenientes relativos a la producción de conocimientos. Uno de estos prejuicios consiste en creer que el espíritu científico se forma como resultado de la aplicación de un método que coloca entre paréntesis al sujeto, cuando en realidad el método mismo es un momento bien definido de la reorganización de la subjetividad.

El Método es proceso mismo de reordenamiento del sujeto. Proceso de reorganización que pasa por un psicoanálisis de sujeto histórico, que se haya constituido por maneras primigenias de ordenar lo real. No parte de la división ente lo subjetivo y lo objetivo, "Demasiado a menudo la preocupación por la objetividad, que lleva al historiador de las ciencias a repertoriar todos los textos, no llega a la apreciación de las variaciones psicológicas en la interpretación de un mismo texto. ¡En una misma época, bajo una misma palabra, hay conceptos diferentes"22. Sumamos a esto, reconociendo las diferencias, el proyecto de Rorty que muestra como abandonamos progresivamente la ilusión de correspondencia y como nos sustraemos gradualmente de la quimera de nuestra "esencia de vidrio" que nos permite reflejar, de manera inmunizada, la realidad. La categoría Bachelardiana de obstáculo epistemológico toma vigor, al hacer referencia a todo aquello que no nos deja trabajar con la abstracción: imágenes, reflejos, pensamientos previos, el sentido común, etc. Estos obstáculos son recurrentes, de manera que se debe estar alerta epistemológicamente. Dirá contundetemente, avanzamos contra el error.

Esto producirá un corte con lo dado, el dato, y permitirá la abstracción. Bachelard enuncia su oposición a la demanda de un saber absoluto ligado a la verdad, comulgando mejor con un conocimiento dominado por la aproximación. Heterogéneos autores en el campo de la filosofía se encuentran comprometidos, más allá de sus notorias discrepancias, en el mismo emprendimiento: dejar a un lado la presunción de la verdad como correspondencia. Arremetida antimetafísica y antiesencialista que suele hacer coro. En esta confluencia Richard Rorty23 (1931) apartado de los señuelos representacionales,24 tanto en la negación de la verdad como correspondencia, o en cuanto a su antiesencialismo, es que sostiene la necesidad de una ética, pero de una ética sin compromisos universales, proponiendo el desmoronamiento de la premisa kantiana. La pretensión de validez universal tal como lo usan algunos autores contemporáneos, es pretender todavía una rémora metafísica, retroceso hacia cierto tiempo en que el llamado a lo universal se constituía de la única manera de huir de lo relativo y contingente. Así en este sesgo, la tradición filosófica occidental imagina la vida humana como una victoria en la medida en que trasmuta el mundo del tiempo y de la apariencia y de la opinión individual en otro mundo: el mundo de la verdad perdurable25. Nietzsche, en cambio, cree que el límite que es importante atravesar no es el que separa el tiempo de lo intemporal, sino el que divide lo viejo de lo nuevo. Piensa que la vida humana triunfa en la medida en que escapa de las descripciones heredadas de la contingencia de la existencia y halla nuevas descripciones.